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¿Quién desestabiliza el Cáucaso? PDF Imprimir E-mail
Cáucaso Norte - Conflicto armado
Jueves, 10 de Mayo de 2012 10:34

Tags: Caucas Nord | conflictes armats | corrupció | insurgència | Ossètia del Nord

ENTREVISTA a F. T. Tsokov, condecorado por su trabajo en la Fiscalía de la Federación Rusa: "la lucha contra el extremismo es un negocio. Y no precisamente un negocio local. Están vinculadas las agencias federales y regionales de seguridad. Y las operaciones antiterroristas se basan en el dinero. A los miembros de los cuerpos de seguridad no se les paga por el resultado, sino por el proceso. Cuanto más larga sea la lucha, más ganan."


En el Cáucaso Norte prácticamente cada día se producen explosiones, asesinatos y atentados contra agentes de los cuerpos de seguridad del Estado y también contra civiles. Estos horrores se han convertido para nosotros en el telón de fondo cotidiano de la lucha política, de las declaraciones de los dirigentes del Estado sobre la modernización y las reformas del sistema político. Hemos aceptado un concepto tan terrible como "clandestinidad terrorista", y preferimos pensar en los acontecimientos del sur del país como eventos lejanos, que no tienen nada que ver con nosotros. Aun así, se producen en el territorio de nuestro país y afectan a nuestros conciudadanos. Y por eso es importante comprender las causas.

Nuestro invitado Félix Tsaráevich Tsokov ha sido condecorado por su trabajo en la Administración de Justicia y durante muchos años trabajó desde los órganos de la Fiscalía de Osetia del Norte. A lo largo de su trayectoria profesional ha investigado más de 400 delitos, algunos de los cuales hicieron mucho ruido como los atentados, asesinatos y secuestros organizados por la banda de Shamil Basáyev.

PREGUNTA. Félix Tsaráevich, desde el Cáucaso Norte continuamente nos llegan noticias de atentados terroristas, tanto perpetrados como evitados, y de la muerte de policías y ciudadanos. Las autoridades también informan de los éxitos en la lucha contra los grupos clandestinos. Por un lado, en el último año ha disminuido la actividad terrorista en Ingushetia, pero por otro ha aumentado en Kabardino-Balkaria. ¿Qué está pasando en el Cáucaso Norte?

Desde el año 1999 hasta el 2008 trabajé en los órganos de instrucción de la Fiscalía. Sobreviví a la desintegración de la Unión Soviética. Me cogió por sorpresa el conflicto entre Osetia e Ingushetia, en el que murieron muchas personas y se destruyeron muchas casas. Fue entonces cuando por primera vez empecé a entender las causas de los acontecimientos. Y hoy puedo confirmar con la ayuda del material que instruye las causas penales que los conflictos se alimentan desde el centro de la Federación.

El año 1992 participé en el trabajo de un equipo de investigación de grandes dimensiones y en el transcurso de la instrucción se hizo evidente que, en las repúblicas del Cáucaso Norte, con el conocimiento de las fuerzas de seguridad, había entrado una gran cantidad de armas. Y no uno o dos fusiles automáticos, sino camiones enteros.

Interrogué a un hombre ruso, que explicó cómo su vecino, un miembro de la Fiscalía, había transportado fusiles automáticos y como los habían fogueado. El hombre ruso informó de esto a la policía, pero las instancias superiores dieron instrucciones de "no sembrar el pánico". De esta manera, decenas de miles de fusiles desaparecieron de los almacenes militares con el consentimiento de las autoridades federales.

Sólo en Chechenia, según el conocido informe de Shekochijin, se quedaron más de 50.000 fusiles automáticos, sin hablar de los almacenes de artillería y armamento pesado, después de que se fueran las tropas. Esto había sucedido en época de Eltsin y Gaidar, por órdenes directas suyas.

Fijaos sólo en una cosa: evacuaron de emergencia las tropas pero dejaron las armas. Lo que pasó después con estos fusiles todo el mundo lo sabe. No sé quien lo hizo, si los enemigos de nuestro pueblo multiétnico o algunos ineptos de las altas esferas políticas. Pero todo lo que he explicado sucedió y ha quedado registrado en las pruebas de este caso penal.

Cuando las armas se distribuyeron por el Cáucaso, empezaron a aparecer estallidos de violencia étnica que destruyeron la unidad de nuestro país. Y aparecieron también muchas bandas armadas.

Se extendió la criminalidad, supongo…

Exactamente. Empecé a trabajar como fiscal especializado en criminología ya en la época soviética y a mis manos llegaban las estadísticas de crímenes violentos que se cometían en Osetia del Norte que yo tenía que registrar. Entonces, en Osetia del Norte se producían unos 10 o 12 asesinatos cada año en una población de 800.000 habitantes. En Kabardino-Balkaria, un poco más poblada, se registraban hasta 30 asesinatos por año. En las repúblicas del Cáucaso Norte se respetaba la ley. En 1997, cuando las armas de fuego empezaron a distribuirse, se registraron más de 200 asesinatos. Y si, antes, el asesinato de dos o más personas era un hecho aislado que se calificaba de monstruosidad, a partir de aquel momento los crímenes se cometían contra tres, cinco, siete personas, ¡toda una familia! Las ejecuciones en la calle empezaron a ser algo habitual.

En Osetia del Norte, el número de asesinatos aumentó hasta 200, y en Kabardino-Balkaria en los momentos difíciles de la década de los noventa, se mantuvo la cifra de 30-35 asesinatos. En aquella época, hablaba con mis colegas y me decían: “Aquí, gracias a Dios, estamos tranquilos”.

Pero eso sólo era aparente: en 2003 empezamos a investigar las explosiones en Mozdok (Osetia del Norte), cuando estalló un autobús en el que murieron 19 personas (viajaba personal técnico y médico) y un hospital, donde murieron 62 personas. Cuando empezamos la investigación seguimos una pista que nos conducía hasta Kabardino-Balkaria. Allí se escondía Shamil Basáyev. Localizamos la casa donde estaba pero nos dimos cuenta de que los policías locales ya lo habían descubierto ¡incluso antes de las explosiones de Mozdok!

Descubrimos que la policía ya había detenido algunos hombres de Basáyev y que uno de ellos había explicado cómo, una vez, después de detener a una parte de la banda, había avisado a Shamil Basáyev de que ya era hora de que se escondiera. Éste estaba acostado en un sofá y le dijo con parsimonia: "Tranquilo, aquí lo tengo todo controlado". De hecho, una vez incluso Basáyev fue trasladado en el coche del ministro del interior (matrícula MMM0001) al que saludaban en los controles y que conducían agentes de la policía. E incluso cuando todo esto se descubrió, el jefe del Ministerio del Interior de la República continuó aún dos años más al frente del Ministerio.

Cuando descubrimos donde estaba Basáyev, la división del Ministerio del Interior ruso fue la encargada de llevar a cabo la operación especial para arrestarlo porque el Ministerio de Kabardino-Balkaria no había hecho nada para detenerlo. Pero Basáyev pudo huir.

Entonces el Ministerio del Interior de Kabardino-Balkaria empezó a hacer redadas masivas entre la comunidad musulmana. Un miembro de la banda de Basáyev al que habíamos podido capturar me dijo: “¿Qué hacéis? Basáyev sólo consiguió atraer a su lado a 18 hombres y vosotros organizáis una redada por todas las mezquitas. Ahora los estáis radicalizando a todos”.

¿Pero a quién perseguían los hombres del Ministerio del Interior? ¿A los sospechosos de pertenecer a banda armada o a los musulmanes en general, sólo por el hecho de serlo?

Todos eran objeto de persecuciones. Los policías locales del Ministerio del Interior empezaron a rapar cabezas en forma de cruz, a romper brazos y manos, y después de horribles torturas los tiraban a la calle. Naturalmente, se hablaba de todo ello en la república. Los años noventa transcurrieron con tranquilidad en Kabardino-Balkaria, pero después del 2003 las actuaciones violentas del Ministerio del Interior de la República crearon una atmósfera explosiva. Y a esta lata de gasolina hecha con la indignación popular sólo le hacía falta una cerilla para encenderse.

En 2005 todo el mundo sabía perfectamente que 150 combatientes tenían previsto atentar en Nálchik, donde había una división entera del Ministerio del Interior. Dejaron que los guerrilleros atacaran y luego ellos continuaron las redadas y las torturas. Y ahora tenemos lo que tenemos. En los difíciles años noventa había tranquilidad, porque allí todavía no había entrado la banda de Basáyev. Pero a principios de 2000 ya sí. Como dijo uno de los miembros de su banda que pudimos arrestar, su líder les dijo: "Tenemos que despertar esta bella durmiente que es Kabardino-Balkaria".

Entonces su gente empezó a ir por las mezquitas y hacer llamamientos a la yihad. Los imanes les perseguían y les decían: "Marchaos de aquí, ya hemos visto qué tipo de guerra fratricida habéis provocado en Chechenia y Daguestán". Y precisamente en este escenario, el Ministerio del Interior empezó a infiltrarse en las mezquitas. Todo esto queda reflejado en la documentación penal de la explosión del autobús en Mozdok el año 2003.

Cuando veo que los grupos militares son cada vez más numerosos en el Cáucaso del Norte, entiendo que esto no ayudará a derrotar al terrorismo. No sirvió de nada ni en Daguestán ni en Ingushetia. Sólo la justicia puede restablecer el orden y un buen ejemplo de ello es el que protagonizó el presidente de Ingushetia Yunus-Bek Evkurov, cuando mostró a todo el mundo un policía que había torturado detenidos explicando las secuelas. Si no es así, seguirá habiendo atentados terroristas, disturbios y protestas. En la Declaración de los Derechos del Hombre de 1948 ya se afirma que hay que proteger con la ley los derechos humanos con tal de evitar que las personas se vean obligadas a recurrir, como último recurso, a la rebelión contra la tiranía y la opresión. Si el poder no lo entiende, las consecuencias dramáticas serán inevitables. Y la experiencia milenaria de la humanidad así lo ha demostrado.

En Daguestán, Ingushetia y Kabardino-Balkaria funcionan comités de ayuda a los excombatientes para readaptarse a la vida civil de excombatientes. El primero en organizarlos fue justamente el presidente de Ingushetia, Yunus-Bek Evkurov, quien dijo que la lucha contra la insurgencia tenía que llevarse a cabo no sólo con acciones militares, sino también con el trabajo de base, hablando con la gente. Empezó a reunirse con los familiares de aquellos que habían huido al bosque. ¿Cómo valora estas iniciativas?

Me parecen la única alternativa. Fijémonos en Chechenia: el uso de la fuerza en la última década no ha hecho más que aumentar la insurgencia. ¿Y las operaciones de fuerza masivas llevadas a cabo en Ingushetia no hicieron entender que había que organizar estas comisiones? Sí. Y en Daguestán pasó lo mismo.

¡Y si al menos todos los detenidos fueran juzgados de manera efectiva! En 1999 se detuvieron a los responsables de cometer un acto terrorista en el mercado de Vladikavkaz, matando a 54 personas inocentes, sobre todo ancianos. Eran los que estaban haciendo cola en la tienda más barata, de productos lácteos. Los explosivos estaban bajo el mostrador. Encerramos a los terroristas en prisión y pudimos mostrarlo públicamente a todo el mundo.

¿Por qué, pues, debe actuarse fuera de la ley, en secreto, de manera injusta? Matan por aquí, por allá, con la excusa de eliminar terroristas. ¿Qué deben hacer los hermanos y hermanas de los muertos? Saben perfectamente que todo seguirá igual. Y así van las cosas.

¿Y por qué las cosas no se hacen bien? Mi versión es la siguiente: porque la lucha contra el extremismo es un negocio. Y no precisamente un negocio local. Están vinculadas las agencias federales y regionales de seguridad. Y las operaciones antiterroristas se basan en el dinero. A los miembros de los cuerpos de seguridad no se les paga por el resultado, sino por el proceso. Cuanto más larga sea la lucha, más ganan. Y la mayoría de jóvenes musulmanes detenidos pronto serán liberados, ya lo verás. Para volver a ser detenidos.

Hace unos días, hablé con un miembro de los cuerpos de seguridad que me explicó cómo cuatro detenidos como sospechosos de extremismo fueron liberados sin hacer ruido. Y de aquí a unos días, liberaran a unos cuantos más.

¿Por qué lo hacen?

El agente de seguridad me enseñó su teléfono móvil, donde había fotos de unos cuantos detenidos. Se ve que les habían apaleado. Mucho. Se les golpea hasta que huyen al bosque. Esto es lo que hacen en Kabardino-Balkaria. Y lo único que consiguen, evidentemente, es engrosar las filas de los insurgentes.

Así que la única solución es la creación de estas comisiones para readaptarse a la vida civil. Y juzgarlo todo desde la legalidad. Para que los combatientes sepan que habrá justicia, y severa. Y para los que quieran entregarse, que sepan que no serán engañados. Y que los agentes provocadores sepan que serán castigados por llevar a cabo detenciones ilegales, como lo requiere la parte 2 del artículo 42 del Código Penal.

El camino de la fuerza es un callejón sin salida. Y lo saben en Chechenia, Daguestán, Ingushetia y Kabardino-Balkaria, porque lo han vivido. Y ahora aquí (en Osetia del Norte) se está intentando desestabilizar la situación para que se introduzca el régimen antiterrorista. Aquí, la comunidad musulmana no ha llevado a cabo ningún acto terrorista en los últimos 20 años, los que ha habido han sido perpetrados por gente de fuera. Pero algunos funcionarios de seguridad quieren introducir la operación antiterrorista con tal de recibir dinero extra.

¿Y cómo se puede calificar a esa gente que intencionadamente agita la situación?

Todas las directrices vienen del centro (Moscú). Estoy convencido, por mis muchos años de experiencia, de que son gente diversa. Unos llegaban del centro y ponían sus cabezas bajo las balas, para salvar a la gente, en Chechenia o en Osetia, para intentar frenar a los bandidos. Mientras que otros llegaban y, a escondidas, financiaban a los bandidos, daban órdenes de no tocarlos. Y así cuando un camión iba cargado con 10 toneladas de dinero la orden era “no tocar, dejar que se vaya”. Bombardearon el Banco Nacional de Chechenia, donde todos los documentos estaban bajo notificación de falsificación: otra vez la orden fue de “no tocar, no interesarse”. Todos saben que en el centro hay dos fuerzas.

Durante un año entero he intentado resolver mi despido, he visitado todos los despachos posibles en Moscú. Me he convencido de que existen patriotas que aman su patria, que luchan por la felicidad futura de su gente. Pero también hay enemigos que trabajan por la desintegración del país. El político suelta el eslogan: “¡Caucasianos, quedáos en el Cáucaso!”, y nadie le presenta ninguna queja. Y éste es un eslogan muy peligroso. Mañana alguien puede decir: “Moscovitas, ¡a Moscú!”, y después los siberianos dirán algo parecido.

¿Va a resultar que en gran medida la corrupción es la culpable?

Exactamente. La gente corrupta hará todo lo posible para conseguir un beneficio extra. Han organizado redadas y arrestos en la comunidad musulmana en Osetia del Norte con la intención de desestabilizar el ambiente. Los imanes intentan calmar los ánimos de loso jóvenes, los instan a luchar con la verdad, con el diálogo. Pero los otros quieren que cojan las armas. Así ocurrió en Kabardino-Balkaria. El Ministerio del Interior ayudó a Basáev, y en las mezquitas se emitían fatwas para que incluso los fieles ni saludaran a los guerrilleros. Pero después empezó el terror contra las mezquitas, y a entrometerse los “buenos chicos” del Ministerio del Interior. Y en estas turbias aguas también hay agentes extranjeros de los servicios de inteligencia. Les interesa que este conflicto no se extinga. Harán explotar la casa de un funcionario del Ministerio del Interior, matarán a un guerrillero; para ellos, todo es un plus.

Usted ha hablado del centro. Pero, ¿y la insurgencia, qué puede contarnos de ella?

¿Usted recuerda la guerra en el Sur de Osetia en 2008? Por allí antes funcionaba la banda de Gelaev, en el desfiladero Pankisy de Georgia. Cogimos a uno de la banda y lo interrogamos. A la pregunta de qué hacía allí, él respondió que iba a defender su patria, Chechenia. Las tropas federales habían bombardeado la casa de su familia. Esta es la primera categoría: aquellos que han perdido a parientes en el transcurso de los bombardeos o en las limpiezas, a quienes la guerra ha tocado directamente a los de su sangre. La segunda categoría es la de los reclutados. Aquel combatiente dijo que en el desfiladero de Pankisy los integrantes de su grupo entrenaban bajo el amparo de los servicios especiales de Georgia, y con sus jefes se reunía un oficial de la CIA de los EE.UU.

La élite de los matones son reclutados, y los soldados cogidos de entre aquellos a los que la guerra ha tocado. Por eso allí debe trabajar la diplomacia exterior del país. A esos guerrilleros del desfiladero de Pankisy los alimenta la OSCE como a refugiados.

Ahora en Rusia se ha despertado la sociedad civil. En muchas ciudades de Rusia tienen lugar acciones de protesta masivas. Pero no sólo en Moscú, San Petersburgo y en los centros regionales, sino también en casi todas las grandes ciudades. La gente se ha cansado de la injusticia, anhela cambios. En el Cáucaso Norte viven bastante pobremente, materialmente hablando, hay muchos problemas de seguridad, existe una corrupción total. Entonces, ¿por qué en la región estas protestas civiles no se producen?

Gracias a Dios, por ahora en el Cáucaso Norte la gente no ha ido a los mítines de forma masiva. En noviembre del año pasado, en Daguestán decenas de miles de personas salieron a las calles contra la tortura y los secuestros. ¿Y si eso fuera así en Osetia? Vi protestas aquí en 1981, cuando había una calma total en la URSS. Mataron a un taxista, y el delito no se investigó como se debía. El cadáver del fallecido se llevó al Comité Regional, y se tuvo que pacificar a la gente con las tropas del interior. Si ahora salen a la calle descontentos por el poder, no sería como en Moscú: se manifestaron, se pronunciaron y se fueron. Aquí, los siloviki son más vehementes, y también la gente. Alguien podría disparar por casualidad y entonces habría un baño de sangre.

También juega un papel determinante la intimidación más absoluta. Aquí la pobreza es muy elevada. Y si alguno de los activistas civiles trabajara en algún lado, sería fácilmente despedido. Y si regentara una tienda, entrarían allí y preguntarían por qué fue a manifestarse.

Un ejemplo: En Vladikavkaz (Osetia del Norte) está la fábrica “Elektrotsink”. Alrededor de ella, en un radio de 7 kilómetros, hay una zona altamente contaminada por los metales pesados. Han enfermado de cáncer 12 mil de los 300 mil habitantes de la ciudad. Todas las instituciones de educación superior se encuentran a una distancia de dos kilómetros de esta fábrica. Los estudiantes salieron a manifestarse. Entonces los líderes de la república se dieron una vuelta por los centros de enseñanza. Amenazaron a todos con el despido, la reducción de salarios o la expulsión del centro. Todos se han callado de inmediato, temiendo quedarse sin estudios o sin trabajo.

Andréi IVANOV

El texto original ha sido editado por Miguel Vázquez y Marta Ter

Fuente: Sovietskaya Rossiya

Última actualización el Miércoles, 13 de Febrero de 2013 15:51