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Suiza pide a los refugiados chechenos que vuelvan a su país PDF Imprimeix Correu electrònic
Txetxènia - Drets humans
Dimecres, 10 de setembre de 2008 14:05

Tags: Kadírov | refugiats | tortures i assassinats | Txetxènia

Thérèse Obrecht

Una semana antes del comienzo de las hostilidades en Georgia - ¡qué coincidencia! – la Oficina Federal de Migración (ODM) ha cambiado de política hacia los demandantes de asilo en otra república caucásica, Chechenia, la cual sufrió dos guerras mortíferas a causa de separatismo.

Según la ODM, la situación de seguridad y de respeto de los derechos humanos ha cambiado bastante como para poder deportar a unos 230 demandantes chechenos denegados, pero autorizados desde 1999, para quedarse temporalmente en Suiza, por razones de estado “de violencia generalizada”. “No habrá deportación automática, promete Jonas Montani, portavoz de la ODM, ya que todos los casos de admisión provisional serán sometidos a un nuevo examen y las personas afectadas tendrán el derecho a expresarse en cuanto a su posible vuelta a Chechenia”.

No obstante, el portavoz de la Organización de Ayuda a los Refugiados (OSAR) Yann Golay pide que sigan prudentes: “Ciertamente la situación se ha calmado, pero las violaciones de los derechos humanos en Chechenia siguen teniendo lugar y la situación sigue siendo volátil, lo que comprueban los eventos en Georgia”. Más cerca de Chechenia, Daguestán y Ingushetia también son una prefecta ilustración del polvorín del Cáucaso: la subida de la violencia y del extremismo islámico, la impunidad y la corrupción de los potentados locales provocan el temor no solo de despistes incontrolables, sino de la explosión de estas repúblicas autónomas, miembros de la Federación de Rusia.

Si nuestras autoridades tienen la obligación de vigilar que los demandantes de asilo se vayan de nuestro territorio en cuanto la situación en su país de origen se los permita, el control más estricto está previsto en el caso de Chechenia. Basta con consultar los informes de las organizaciones más respetuosas de los derechos humanos – Human Rights Watch, Amnesty International, Memorial, Helsinki – para entender lo que significa el término “conflicto de intensidad baja” en la práctica.

Durante el solo mes de agosto de 2008, cada día trajo unas cuantas tragedias: secuestros, arrestos, operaciones de “limpieza”, explosiones y combates con muertos y heridos. Un informe reciente del grupo Helsinki Noruega evoca un “sistema regional de tortura, de confesiones forzadas y de procesos fabricados”. En la mayoría de los casos, es la gente de Ramzán Kadyrov, el presidente checheno pro-ruso, que busca a las personas con una dirección precisa para arrestarlos y hacerles desaparecer. A veces, a las víctimas falsificadas les condenan a las penas de muchos años a las que pocos sobreviven por milagro. Están pudriéndose en las prisiones secretas, las que tiene el mismo presidente Kadyrov en su feudo Tsentoroi.

El caso de Mojmadsalaj Masaev ilustra su método. Este hombre de 42 años de edad, ciudadano checheno, ha comunicado en el pasado julio al Novaya Gazeta (el periódico de Anna Politkóvskaya, periodista asesinada) que entre septiembre 2006 y enero 2007 había sido detenido y torturado por los agentes de seguridad chechenos, precisamente en la prisión privada de Kadyrov en Tsentoroi. Insistió en que su nombre fuera publicado. El 3 de agosto, fue secuestrado en pleno día en Grozny por los hombres en camuflaje. Después, desapareció sin dejar ni una huella, como otra gente. Conseguir sus derechos ante el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos también puede tener consecuencias nefastas para los familiares que se han quedado en Chechenia, frecuentemente hostigados, amenazados o castigados por el poder local. Sospechamos que los fiscales no tocan a los crímenes que implican los acólitos de Kadyrov.

De hecho, el temor ha llegado hasta la comunidad chechena en Suiza que habría sido infiltrada por los informadores del régimen Kadyrov, según algunos testimonios. “No nos atrevemos a revelar nuestro nombre en las entrevistas, declara este padre de familia, poseedor del permiso C. Hubo casos cuando las casas de los familiares en Chechenia fueron quemadas o algunos fueron secuestrados a guisa de represalias”.

¿Deberíamos deportar a K, un joven checheno que acaba de terminar brillantemente sus estudios universitarios en Suiza y que ha recibido una carta de la ODM en relación con su deportación? Formaba parte de un movimiento estudiantil chechenio y se exilió a San Petersburgo. Amenazado, huyó de Rusia en 2001. Alojado en un centro de acogida, cobraba, es verdad, 574 francos de ayuda social al mes. K. no pide el asilo político, sino el derecho de trabajar para satisfacer sus necesidades. Tiene ganas de volver a su país en cuanto la situación se lo permita. De momento, dice, no podrá escapar a la vindicta de esbirros de Kadyrov. Hay muchos casos parecidos al suyo, de familias, de jóvenes, de mayores que todos tienen razones para tener miedo por su seguridad en Chechenia. Suiza se equivocó de taparse la cara y debe examinar con el mayor detalle posible cada expediente antes de proceder a las deportaciones a Chechenia.

Fuente: Tribune des Droits Humains | Traducción: Mayya Levkina

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