Idioma | Language

 Català       
      

Butlletí Informatiu

Si voleu rebre el nostre butlletí sobre el Caucas i la Federació Russa, ompliu el següent formulari
La enfermedad del Cáucaso Norte PDF Imprimeix Correu electrònic
Ingúixia - Drets humans
Divendres, 19 de juny de 2009 09:34

Tags: Caucas Nord | conflictes armats | violència política

Violencia y falta de expectativas se hacen crónicas en el Cáucaso y cada vez es más difícil recibir noticias que hagan albergar una mínima esperanza de cambio para mejor en la vida de sus ciudadanos.

El pasado 11 de junio murió en el hospital, tras ser víctima de un atentado en Nazrán, la vicepresidenta del Tribunal Supremo de Ingushetia, Aza Gazguiréyeva; el día 6 de junio asesinaron al ministro del interior de la república de Daguestán Adilguerei Magomedtagirov; en enero pasado hicieron lo propio (¡en Viena!) con Umar Israílov, antiguo guardaespaldas de Ramzán Kadyrov, que había huído de Chechenia y denunciado puntos de filtración y torturas varias que se llevan a cabo en esa república. El informe de Amnistía Internacional denuncia violaciones graves de los derechos humanos fundamentales en Chechenia, Ingushetia, Daguestán y Kabardino-Balkaria, república ésta en la que se producen choques permanentes entre los cuerpos de seguridad y combatientes (boebiki) de diferente signo. De hecho, es raro el día en que no se recibe noticia de alguno de estos enfrentamientos en en Cáucaso Norte. Al otro lado de la frontera, el flamante “nuevo Estado”, Osetia del Sur, culminó un proceso electoral imposible de tomar en serio, que sirvió para escenificar un nuevo triunfo de Unidad, el partido del siempre sospechoso Eduard Kokoiti.

El Cáucaso está enfermo. Podríamos, tomando una sola semana de muestra, enumerar denuncias fundadas de tortura, secuestro, asesinato, terrorismo y un largo y doloroso etcétera de miedo y desesperación. La falta de perspectiva de futuro para las nuevas generaciones en todas las repúblicas del Cáucaso Norte (en el sur tampoco están para fiestas), la casi ausencia de una mínima economía estructurada (lo que siempre lleva a probar “otras vías”), la venganza permanente de los familiares agraviados, la falta de escrúpulos para hacer dinero de cualquier manera, la legítima rebeldía ante un sistema brutal y estructuralmente injusto, la rabia, el asco crónico y el aburrimiento, amenazan con convertir a estos pueblos en sociedades permamentemente victimistas, estancadas, acostumbradas a la limosna de caziques paternalistas y sin perspectiva de alcanzar una libertad mínima que les permita soñar con la construcción de una vida digna.

Nada ayuda a la solución la política de Moscú, que da la impresión de estar genéticamente imposibilitada para innovar y enfrentarse dignamente al Cáucaso. La sensación del Kremlin sigue siendo que allí se produce un enfrentamiento permanente entre civilización y barbarie, y que el resto del mundo no se quiere enterar. ¿Qué decir del resto del mundo? En general, critica con la boca pequeña a Rusia por su maldad y desprecio a la vida humana y, cuando se apagan las cámaras, suspira dando gracias a que el Cáucaso Norte sigue siendo esa zona sobre la que siempre se puede decir: “es un asunto interno de la Federación Rusa”. No es nuestro asunto, afortunadamente, y ojalá nunca lo sea.

Nada nuevo desde Yermólov, pero cada vez hay menos Lérmontov y Tolstoi para contarlo.

Miguel Vázquez-Liñán

Fuente: Observatorio Eurasia

Última actualització