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Ingushetia, la república más explosiva de Rusia PDF Imprimeix Correu electrònic
Ingúixia - Conflicte armat
Dijous, 25 de juny de 2009 12:58

Tags: actes terroristes | Caucas Nord | Daguestan | Ingúixia | repressió policial

El atentado contra el presidente de la república de Ingushetia, Iunisbek Yevkúrov, muestra el deterioro de la situación en las regiones del Cáucaso ruso, un mosaico de territorios y comunidades étnicas donde los problemas son más acentuados que en el resto del Estado. Situada entre Osetia del Norte y Chechenia, Ingushetia es la unidad administrativa más pequeña de la zona y fue creada tras desintegrarse la URSS para aislar el foco separatista de los chechenos, sus vecinos orientales con quienes en época soviética compartían un territorio común (la república de Checheno-Ingushetia).

Ingushetia ha estado dirigida por tres generales. El primero fue Ruslán Aúshev, un veterano de la campaña de Afganistán, que consiguió mantener a Ingushetia al margen de la guerra de Chechenia, aunque los coletazos del conflicto se dejaron sentir, sobre todo en forma de oleadas de refugiados. Aúshev tenía sus propias ideas sobre cómo gestionar su territorio y, cuando Vladímir Putin sustituyó a Borís Yeltsin al frente del Estado, la personalidad y buenos contactos del general con los líderes chechenos resultaron incompatibles con la política centralizadora del Kremlin.

En abril de 2002, la administración presidencial se las arregló para que Ingushetia eligiera como presidente a Murat Ziázikov, su candidato, un general del Servicio Federal de Seguridad, que posteriormente sería reconfirmado en su cargo por el presidente Vladímir Putin. Ziázikov no supo defender a sus paisanos de la violencia cotidiana. Su mandato se caracterizó por los asesinatos de civiles indefensos, los atentados, los secuestros, y también por las actuaciones arbitrarias de los órganos de orden público, denunciados reiteradamente por los defensores de derechos humanos. Estas arbitrariedades eran cometidas tanto por la policía local como por los contingentes federales enviados por Moscú en el marco de la lucha contraterrorista contra los guerrilleros que se desplazaban por zonas boscosas de Ingushetia colindantes con Chechenia.

El punto álgido de la arbitrariedad policial fue el asesinato el 31 de agosto de 2008 de Magomed Yevlóev, uno de los líderes de la oposición y propietario de una crítica página de Internet. Yevlóev fue asesinado por funcionarios del Ministerio del Interior pertenecientes a la escolta de Ziázikov que lo detuvieron con un pretexto tras su llegada desde Moscú en el mismo avión que el presidente. Con sus intentos de encubrir el crimen y proteger a sus autores, Ziázikov, que se ha salvado de varios atentados, se convirtió en una figura odiosa y su clan familiar sufrió las consecuencias. Un primo del presidente, jefe de una empresa de transportes oficial, fue asesinado y otro pariente suyo, viceministro de economía, resultó gravemente herido al hacer explosión su coche.

A fines de octubre, Ziázikov fue sustituido por el general Yevkúrov, de 45 años, un militar que se distinguió en 1999 durante la guerra de la OTAN en Yugoslavia por dirigir el grupo de infantería de marina ruso que protagonizó una incursión desde Bosnia a Kosovo para tomar bajo su control el aeropuerto de Pristina. Yevkúrov, que participó en distintas operaciones militares en el Cáucaso del Norte, incluida la segunda guerra chechena, tiene la distinción de héroe de Rusia por liberar a un grupo de 12 soldados prisioneros en 2000.

Directo y lacónico, Yevkúrov se ha ganado el apoyo de la sociedad civil que Ziázikov había alienado al poner en marcha una nueva política de transparencia y apertura. El general estableció un diálogo con los líderes de la oposición, e incluso contrató a algunos de ellos. Difundió su número de teléfono móvil y logró que se iniciara de nuevo el proceso contra los acusados del asesinato de Yevlóev. Atendiendo a las quejas de la familia del asesinado, el juez que llevaba la investigación del caso ha sido relevado.

Todos estos cambios positivos no han logrado sin embargo atajar la violencia en Ingushetia, que se ha recrudecido en las últimas semanas. El ex vicejefe del Gobierno responsable de los órganos de seguridad, Bashir Aúshev, fue asesinado a mediados de mes. Antes, el 10 de junio la vicepresidente del Tribunal Supremo local, Aza Gazgeréyeva, fue ametrallada en su coche oficial cuando se dirigía al trabajo. Su antecesor en el cargo, Jasán Yandíyev, que murió también asesinado víctima de un francotirador en 2008, había dictado sentencia contra participantes en el ataque perpetrado por el guerrillero checheno Shamil Basáyev contra el ministerio del Interior de Ingushetia en la noche del 21 al 22 de junio de 2004.

En aquella incursión, de la que acaban de cumplirse cinco años, perecieron más de un centenar de personas. El pasado viernes, seis de los encausados iniciaron una huelga de hambre en la prisión de Ingushetia donde se encuentran, según informó la agencia Interfax citando fuentes policiales. Los huelguistas han denunciado la "violación de sus derechos constitucionales", según la agencia.

La violencia que ha disminuido en Chechenia en comparación con los niveles existentes en aquella república en el pasado afecta hoy a otras repúblicas del Cáucaso, como por ejemplo Daguestán, donde este mes un francotirador asesinó a Adilgeréi Magomedtaguírov, ministro del Interior desde 1998 y un funcionario que se había distinguido por su dureza indiscriminada contra los sospechosos de wahabismo (islamismo radical).

Las causas de tanto crimen no son las mismas en todos los casos, aunque la zona tiene unas características generales que pueden ayudar a enmarcarlos. Se trata de un territorio deprimido con niveles de desempleo que superan el 50% y arraigadas prácticas de corrupción tanto en lo que se refiere al reparto de los fondos y subvenciones enviados desde Moscú como de las prestaciones sociales y puestos de trabajo.

En esta situación, una parte de la protesta social se encauza en corrientes radicales, alimentadas por los jóvenes que "se echan al monte". Bajo la bandera de la lucha contra el terrorismo, los órganos del orden público han gozado de una amplia libertad para actuar a su arbitrio e impunemente (haciendo méritos y consiguiendo medallas), sin que Moscú atendiera las quejas procedentes de la región. La inestabilidad constante, por otra parte, justifica la concentración de efectivos bélicos federales con las oportunidades de ascenso y altos salarios que eso conlleva para sus integrantes. A todo esto hay que añadir las tradiciones locales de la vendetta. Justamente el presidente Yevkúrov había comenzado una campaña contra esa práctica, muy arraigada en el Cáucaso. Ayer, su colega, Ramzán Kadírov, el presidente de Chechenia, prometió vengarse de los organizadores del atentado contra Yekvúrov. "La venganza será dura", exclamó.

Pilar Bonet

Font: El País

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